Puede parecer extraño que siete años después de haber debutado como corredor en la Media de Málaga y de haberme adentrado en el mundo del atletismo popular, haber disputado cerca de treinta medias, más de veinte pruebas de diez mil, cuatro maratones y algunas locuras sin determinar más, me presente a una semana vista con los nervios a flor de piel y con la sensación de que este sábado voy a afrontar un grandísimo y nuevo reto, disputar una milla.
Nunca me he considerado, ni lo soy, un velocista, ni siquiera un tipo rápido, es más, tampoco me muevo bien en las distancias cortas, así que afrontar una carrera típica de medio fondo, como es la milla, me resulta de lo más embarazoso. Mi alma de corredor de fondo, más acostumbrada a esfuerzos largos y menos intensos no acaba de acceder con buena cara a los pensamientos que atraviesan por mi mente.
Tampoco están de mi parte, ni el horario, sábado a las seis de la tarde ni el clima, seguro que por encima de los treinta grados centígrados y con una humedad digna de un pueblo que pasea sus calles junto al mar.
Hasta aquí, he acumulado una serie de elementos y circunstancias negativas que me aconsejan hacer oídos sordos a la prueba y retirarme a mis cuarteles de invierno y seguir tranquilamente con la buena pretemporada que estoy llevando a cabo. Sin embargo, a pesar de todo lo comentado, como ocurre siempre, prevalece en mi mente el espíritu del nuevo reto, de la novedad, el deseo de verme siempre superando originales aventuras (o miniaventuras como en este caso), y casi con toda seguridad ese afán se acabará imponiendo y me acabará llevando este sábado 14 de mayo a las 6 de la tarde por las calles de El Parador (Roquetas de Mar), codeándome con gente mucho más preparada, rápida y dispuesta para disputar lo que se convertiría en mi primera milla.
Espero que más o menos seis minutos después, superada la línea de meta, pueda decir que he disfrutado de la experiencia. Eso sí, tal y como se refleja en el título, todo esto lo afronto y lo vivo con la ilusión de un juvenil.
Supongo que si algún día pierdo estas ganas de participar, este hormigueo previo en el estómago y la necesidad de verme día a día con las zapas pateando el asfalto, habrá llegado el momento de dedicarme a otra cosa. Mientras tanto, me dedicaré a disfrutar de mis propias locuras.
Un beso para todos/as y a cuidarse del calor que viene pegando fuerte
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