En pleno desarrollo de un plan de entrenamiento de emergencia con vista al maratón de Barcelona (5 de marzo y yo cone stos pelos...), se presentó sin avisar, como de puntillas la media de Almería, la querida media de mi ciudad. (Hasta hace poco tiempo la llamaba mi ciudad de adopción, pero después de vivir ocho años en ella y estar empadronado ya casi, casi me puedo calificar como almeriense).
Lo único de lo que estaba seguro era de mi participación. A partir de esta certeza, todo lo demás eran dudas. Después de mi "fracaso" en Lorca, los problemas derivados de los mantecados y suculentas comidas navideñas y de la enfermedad y fallecimiento de la única abuela de la que realmente he podido disfrutar, el ritmo de mis entrenamientos había decaído bastante.
No obstante, desde hace tres semanas, una vez que decidí que, definitivamente, iba a afrontar por cuarta vez el reto del maratón, por primera vez en Barcelona, comencé con mi infatigable compañero Roberto, (¿de dónde sacará ese tío tan pequeñiño tanta fuerza?), un plan de acumulación de kilómetros y ritmos que nos han llevado a unas medias de entre 80 y 85 km. semanales. Viniendo de esta situación de casi parón, a estas barbaridades, terminaría antes si dijese las partes de mi cuerpo que no se han quejado todavía mejor que las doloridas y sin mitigar la marcha me presenté en la media con la idea de hacer un entrenamiento largo a un ritmo cómodo pero sin coger amapolas por el camino, que esperaba que rondase los 4 min 30".
Sin embargo, y a pesar de las malas sensaciones del calentamiento, la salida franca y los primeros kilómetros favorables me ayudaron a coger un ritmo rápido, a la vez que cómodo. A diferencia de otras medias, no traté de seguir a nadie, aunque he de reconocer que la presencia cercana de Roberto con un ritmo ligeramente superior al mío hacía que rondase mi cabeza la idea de cambiar de marcha y acercarme a él. Logré mantener la cabeza fría, me preocupé sólo de mí mismo, de mis sensaciones, de mis pasos, de mi estilo, de mi respiración y de afrontar cada kilómetro sin agonías mentales.
De esta manera me planté en el kilómetro 10 con un tiempo inferior a 4 min/km sin proponérmelo. Con más de la mitad de la carrera por delante, no pensé en batallas contra el crono ni en nada parecido, salvo en seguir con un ritmo estable, sin cambios bruscos. Muy cerca seguía viendo a Roberto y la tentación de acercarme a él se hizo casi irresistible pero poco a poco me mentalizaba de que si al final lo tenía cerca sería el momento de intentarlo.
Así pasé hasta el km. 17, con la agradable sensación en la Avenida del Mediterráneo de que iba rápido, fácil y de que las energías no me habían abandonado. Esta sensación tan placentera duró justo hasta un giro del circuito en el km 18, que nos presentó ante una amplia avenida, claramente con pendiente positiva y viento en contra. No puedo decir que fuese horrible pero sí que decayó el ritmo, las energías, la sensación de bienestar y por supuesto, los tiempos. Volví a escuchar como a unos 200 metros, Ramón, Florencio y Manolo (todos ellos con lesiones a cuestas, ¡ánimo para los tres máquinas!), animaban a Roberto, y esto me indicó que mi compañero estaba más cerca de lo que pensaba. La idea de una llegada juntos pasó por mi mente pero fue una ilusión.
Apenas miré el crono, porque sabía que en todo caso sería bueno. Me mantuve enganchado a un grupo que me animó a no abandonarme. A partir del 20, en otro giro del circuito, volví a sentirme bien y con ánimo de hacer una pequeña exhibición de poderío en los últimos 500 metros pero, sinceramente, no me pareció deportivo ni necesario esprintarles a un grupo que había tirado de mí la peor parte de mi carrera.
Ya en meta el crono marcaba 1 hora 25' 49", un tiempazo impresionante, que me ha dejado tan feliz como sorprendido. Ahora, como ocurre siempre, me asaltan las ideas de los posibles tiempos en Barcelona, como si las adversidades de un maratón fuesen algo fácil de preveer. Lo único que me queda claro, es que estamos (Roberto y yo) en el buen camino, pero que en estas cuatro últimas semanas no debemos dormirnos en los laureles y después, una vez que nos presentemos, con nuestro plan de emergencia terminado, en la línea de salida de la Ciudad Condal, amigos/as:
"Que Dios nos pille confesados"
Aquí tenéis el momento en que celebro mi tiempo, sin duda el mejor momento de la carrera
Me ha encantado todo lo que has escrito y sobre todo esa última foto celebrando con rabia el adios definitivo a la cantidad de pájaros que te han atolondrado este mes y medio.
Tal y como describes tu carrera, esa facilidad y ausencia de agonia y conociendo tus ritmos, te tengo que decir por enesima vez que estás increible y mucho mejor que esa marca. Todo me cuadra. Al margen de que corrimos cansados por la semanita intensa, yo para hacer esta marca reventé el motor en el km 10 (mucho antes de el km15 habitual), y fuí a tope... sin embargo, tú fuiste con buenas sensaciones... en una media no muy favorable y sin descansar... ¡Está hecho un toro! Me tenías que haber pillado y entrar juntos... me hubiera encantado.
Por cierto, lo del plan de emergencia es un buen nombre... ja ja ja... ¡ah! y las semanas a mi me salen de más de 90 y no de 80 ;)
Sólo puedo decir que cuando planteas bien una carrera, es decir, cuando no la planteas nada de nada, es cuando más papeletas tienes de disfrutar de ella. El entrenamiento, entonces, sale a relucir sin presión ni nervios, y el crono te demuestra el verdadero estado de forma en que te encuentras. Sólo una cosa más: el riesgo de pensar que se puede seguir mejorando indifinidamente puede llegar a pasarte de forma: a partir de ahora, regula, ve bajando intensidad (dejando algún día para calidad) y ve economizando las salidas largas (dejando algún día para una larga, pero no muuuuyyyy larga). Ya sólo queda un mes y hay que empezar a pensar en afinar, en lugar de seguir cargando. Ánimo, campeón, al final haremos la carrera juntos, ya verás, porque entre lo que tú estás mejorando y lo que yo estoy petardeando con resfriados y lesiones, nos estamos poniendo piano piano.
Hombre, Barney, era o pasarte justo en la recta de meta o nada, para pillarte antes y tener que hacer una recta final como locos...no merecía la pena. Además, me dijiste un día que cuando te ganara te retirabas y por eso me cuido mucho de no hacerlo. En fin, cualquier excusa es buena, ¿no te parece?
Hola, Elquetehaconvencidodeirabarcelona o maestro Luis, qué es eso de qué andas resfriado y lesionado? Ya me lo contarás más detenidamente, pero ni sueño poder ir contigo. Una máquina como tú, que vas a intentar bajar de 3 horas, va a ser difícil que pueda acompañarte a ese ritmo. Como siempre sé que puedo hacer la primera mitad de la carrera a ese ritmo, pero qué pasaría con el resto de la carrera. Me conformo con compartir el finde con vosotros e intentar terminar mi cuarta maratón. Luego, ya veremos lo que somos capaz de dar.
Un abrazo grande!