Buscando un reto que me llenase el vacío de no haber hecho esta temporada un maratón, me inscribí hace algo más de un mes en una carrera de esas para que los corredores de asfalto no estamos preparados: una carrera de montaña con tramos técnicos. Por si esto no fuese suficiente reto, si he ser sincero, tampoco preparé la carrera como debería, por tanto el panorama no era demasiado alentador. En la salida ya me di cuenta de que todos estos avatares me pasarían factura, al escuchar a gente mucho más experimentada como comentaba que los tramos técnicos eran muy difíciles y que la carrera era muy dura y que había que afrontarla con mucha calma.
Desde la misma salida me di cuenta de que me iba a tocar sufrir. Las primeras subidas por un terreno poco recomendable me hicieron ver que la carrera prometía. No obstante, los primeros 7 u 8 km. tendían mucho más al descenso que al ascenso. Esos primeros km. se hicieron cómodos y hasta alegres en cuanto al ritmo. No obstante, las primeras subidas a partir más o menos del 8, me hicieron ver que no estaba preparado para la carrera, que iba andar mucho más de lo que pensaba y que la cosa tomaba un cariz de conformarse con terminar más que de de otras aventuras. Así entre andando en las subidas de hasta el 23% de desnivel y los trotes rápidos en las bajadas, aparecí en el km. 15 con más o menos hora y media de tiempo. A partir de ahí, el infierno, unos 5 km. de ¿tramo técnico? La subida aparte de por unos pinchos que me asetearon las piernas y las piedras que me destrozaron los pies, pasable, la bajada insufrible, con auténticos cortados que a veces provocaban en mí verdadero pánico, me hicieron bajar casi con el culo pegado al suelo. O sea que 50 minutos para hacer un poco menos de cinco kilómetros, para salir de allí, sangrando en una mano por una caída, los pies destrozados por las piedras y los pinchos de unas matas que crecían por doquier, aparecí sin posibilidad de correr en el 20 con dos horas y veinte minutos. No olvidemos que en esa subida y bajada técnica, me pasó hasta el apuntador, unas veinte personas mínimo. Después en los 12 km. restantes no podía ni moverme, sentía las piernas tiesas, sin una gota de fuerza de tal manera que incluso las bajadas se me hicieron imposibles. La sensación era la de que no iba a llegar nunca, y ni siquiera tenía el apoyo de las pancartas de kilómetro, que me indicasen que me acercaba a algún sitio. Deambulada por medio del monte, solo, sin nadie alrededor, con un calor también importante que me aseteaba las escasas energías que me quedaban. A todo ello se unieron los primeros inicios de calambres en la pierna izquierda y a fuerza de correr de mala manera tratando de evitarlos el contagio a la derecha. Cuando por fin, afronté la última bajada la alegría de la llegada, Isa esperándome, morena como si hubiese estado en la playa fueron un acicate para poner buena cara y decir que otro año, quizá repetiré.
He aprendido varias cosas de este reto, la primera es que por muy fuertes que nos creamos, no afrontemos estas barbaridades sin prepararlas, la segunda es que me gusta mucho más la carretera que la montaña y la tercera es que doy por terminada la temporada. Ahora me tomeré una semanita de descanso, y la próxima comenzaré de nuevo con mucho ánimo y con varios retos: bajar mis marcas en 10000, media y maratón, pero sobre todo con la petición de que nos respeten las lesiones y nos deje disfrutar de nuestro deporte favorito, y de nuestra forma de vida, el atletismo.
Las fotos cuando las encuentre en la página de la carrera las subiré.
Un beso a todos/as
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