¿Os apetece un maratón por esta callejuela?

                                                           Podría decir que estaba extasiado con el museo, pero no, he salido con los ojos cerrados.

Seguro que al leer al título has pensado que soy un egocéntrico, que no puedo dejar de aparecer incluso en los títulos de los artículos que escribo, pero, te equivocas. No quiero mostrarte la romántica ciudad de París, con sus monumentos, con su torre Eiffel, con su Notre Dame, con su barrio latino o el de los pintores, con el Sagrado Corazón o el museo del Louvre, ni siquiera quiero mostrarte como es la avenida de los Campos Eliseos, con su magnífico arco del triunfo coronándolo, o hablarte del esplendor del que habla el palacio de Versalles, ni de la plaza de la Concordia, en definitiva, todo esto, lo dejo para que cada uno de vosotros si tiene la oportunidad lo visite, lo sienta y lo viva como una experiencia personal.

                                                         Al fondo la torre Eiffel. MIrad qué planta la mía!

Lo que me gustaría dejar reflejada aquí, es la profunda impresión que ha dejado en mí, la visita a la capital francesa. A veces, sin saber el motivo, una ciudad, un paisaje, una situación te deja una marca impresa en el alma, la marca de haber disfrutado como no lo hacías desde hace muchísimo tiempo. Es difícil describir con palabras los sentimientos, si bien, basta con decir, que para mí, ha sido una de las experiencias más bonitas de mi vida. La contemplanción de esas grandes obras me han hecho más de una vez trasladarme a siglos pasados y a aquellos momentos en los que el pueblo llevado por los institos más primitivos luchó por sus derechos más básicos, como por ejemplo, el pan.

                                    ¡Vaya botecito! Se me ocurre más de uno que echa de menos botes de este tamaño.

     Y aunque el clima no haya acompañado al desarrollo de la visita, todo ha quedado compensado con creces tanto por la ciudad como por la compañía. No en vano, se habla de París, como de una ciudad para los enamorados, pues aunque yo sea de esos que lo reconocen sin empacho alguno, sí,estoy enamorado de mi mujer, el paseo en barco por el Sena o los paseos por los amplios jardines parisinos, así como poder compartir un café en alguno de los incomparables parajes que la ciiudad nos pone a nuestra disposición hacen que las relaciones sean más estrechas, hacen que la felicidad de ir de la mano de esa persona tan especial se convierta en lo más parecido a la inmortalidad que un humano haya sido capaz de sentir.

     La caterva de nombres famosos que se destilan por sus calles se  nos hacen cercanos al comprobar que sintieron por esa ciudad algo parecido a lo que cualquiera de nosotros cuando la visitamos. Así escuchar nombres como Victor Hugo, Moliere, Dalí o Picasso los hace personas mucho más cercanas a nosotros. Parece como si ellos también se hubieran dejado atrapar por el embrujo de esas calles y avenidas, e iluminar por "la ciudad de la luz".

       Por último, y para los que como yo, no sois capaces de dejar al atleta en casa, sino que va con vosotros allá donde vayáis, contad con París como uno de los maratones a hacer. Una ciiudad con tanto encanto, con avenidas tan grandes y espaciosas y relativamente llanas, debe figurar en nuestra agenda de maratones internacionales a realizar.

 

     En fin, si podéis, visitad esta ciudad pero una última recomendación, a partir de mayo, cuando el tiempo sea algo más benévolo.

     Un saludo a todos/as