Aquí ando con mi familia celebrando mi 35 cumpleaños. Como podéis ver no me he privado de nada.

Ayer, mientras iba en el coche camino de la Media de Lorca, pensaba como sería mi crónica de esta carrera. Dos ideas se fueron haciendo fuertes en mi mente, y como no he sido capaz de descartar ninguna de ellas, trataré de hacer una crónica a medio camino entre una y la otra. Por una parte, me agradaba muchísimo hablar sobre lo difícil que había sido pasarme prácticamente seis meses sin competir (debido a la lesión) y sobre las sensaciones que sentía al volver al asfalto a quemar zapatilla.

Por otra, viendo las temperaturas que marcaba el termómetro del coche y los avisos de no viajar que habían estado repitiendo en televisión continúamente, sobre el amor a un deporte que está tan alejado de la fama y el dinero como el nuestro.

Empezando por la primera, con respecto a las sensaciones, era muy arriesgado presentarse en una media, con tan solo tres semanas de entrenamiento de verdad y recién salido de la sobredosis de mantecados y otras miles de delicatesen que uno se zampa por Navidad (casi todas de esas que se pegan al michelín, casualmente). Si a esto le añadimos que el tiempo meteorológico no ha ayudado mucho y que la vuelta a la rutina de los entrenamientos fuertes es dura, el planteamiento inicial no podía ser otro que ir encontrando ritmo, familiarizarme con el sufrimiento de los últimos kilómetros (y a fe que lo hice), y sentirme otra vez, atleta, que más da si de los del grupo de cabeza o de los medio o de los del vagón de cola, todos/as y cada uno de nosotros/as que nos ponemos la ropa y salimos a correr podemos y debemos sentirnos atletas, cada uno con sus límites y sus ideas, pero que más da. De la carrera tampoco hay mucho que comentar, salvo que como un novato, llevado quizá por el ansia de la vuelta, me autoimpuse un ritmo demasiado fuerte al principio, y lo terminé pagando desde demasiado pronto y en demasía. No obstante, sentí que hasta el kilómetro 16, estaba cerca de hacer una super media sub hora y 30, pero esos últimos cinco kilómetros fueron un muro imposible de saltar. No obstante, en mi debe confesar que al final me deje llevar bastante, no hice muchos esfuerzos por mejorar esos tres o cuatro segundos por kilómetro que me hubiesen dejado en la 1,30. Sin embargo, ya no merecía la pena, el objetivo real de mi vuelta estaba conseguido, me había vuelto a sentir participante en una carrera, había tenido la sensación de ir muy cómodo, muy rápido, muy lento, parado, con ganas de abandonar, ahogado, sin fuerzas, con las eternas preguntas de qué hago yo aquí, en definitiva, compañeros/as, había vuelto a sucumbir a los encantos de esta distancia que por más veces que la repito, siempre me deja con ganas de volver a intentarla, y por encima de todo, volver a disfrutar.

Esta cara de miedo tenía recién levantado el domingo cuando asomé el bigote y comprobé el fresquito de la mañana.

En el segundo tramo, queda la idea de la causa que nos mueve a hacer nuestro deporte favorito aunque la situación no sea lo más idónea posible. Desafiamos al frío, a la lluvia, al viento y apenas con una camisetilla de tirantes y unos pantalones indecentes, nos lanzamos al paraíso, a la búsqueda de la alegría y la satisfacción de otra batalla inconclusa, porque aunque nos sentimos vencedores o vencidos, alegres o menos felices, mejor o peor debido a lo que hayamos conseguido, en nuestro interior siempre queda la necesidad de hacerlo una vez más, un poquito mejor o igual pero a repetirlo. Vivimos en nuestro deporte alejados de los focos de los medios de comunicación, alejados de los grandes hitos y marcas tan reconocidos por todos, pero, ¿es que correr no es nuestra forma de vida?

 

Cerca de Lorca, el termómetro del coche marcaba esta temperatura. ¡ Qué frío! Ojo, no mirad lo sucio que va el coche por dentro.

Ayer, mientras hablaba con Isa de este tema, veíamos las noticias en televisión, y mientras anunciaba las penalidades de la nieve, apareció en pantalla, uno cualquiera de nosotros/as, corriendo con sus mallas, su gorro y sus guantes, desafiando todas las predicciones y todo lo que se pueda pensar de nosotros/as. Entonces, le pregunté a Isa, ¿aún tienes algo que reprocharme por haberme ido a correr a cuatro grados bajo cero?

Su respuesta no pudo ser más convincente. Sois, somos gente diferente.

 

 

 

 

Aquí tenéis mi improvisado altar. Vaselina, crema hidratante, guantes, imperdibles y dorsal. ¿Necesitaba algo más?

Un saludo y hasta muy pronto porque si la cosa marcha bien disfrutaré este finde en la San Antón de Jaén y habrá artículo.

 

Miles de besos y abrazos para el que no quiera un beso de un tío loco sudando