Publicidad:
Terra
La Coctelera

Con la ilusión de un juvenil...

Puede parecer extraño que siete años después de haber debutado como corredor en la Media de Málaga y de haberme adentrado en el mundo del atletismo popular, haber disputado cerca de treinta medias, más de veinte pruebas de diez mil, cuatro maratones y algunas locuras sin determinar más, me presente a una semana vista con los nervios a flor de piel y con la sensación de que este sábado voy a afrontar un grandísimo y nuevo reto, disputar una milla.

Nunca me he considerado, ni lo soy, un velocista, ni siquiera un tipo rápido, es más, tampoco me muevo bien en las distancias cortas, así que afrontar una carrera típica de medio fondo, como es la milla, me resulta de lo más embarazoso. Mi alma de corredor de fondo, más acostumbrada a esfuerzos largos y menos intensos no acaba de acceder con buena cara a los pensamientos que atraviesan por mi mente.

Tampoco están de mi parte, ni el horario, sábado a las seis de la tarde ni el clima, seguro que por encima de los treinta grados centígrados y con una humedad digna de un pueblo que pasea sus calles junto al mar.

Hasta aquí, he acumulado una serie de elementos y circunstancias negativas que me aconsejan hacer oídos sordos a la prueba y retirarme a mis cuarteles de invierno y seguir tranquilamente con la buena pretemporada que estoy llevando a cabo. Sin embargo, a pesar de todo lo comentado, como ocurre siempre, prevalece en mi mente el espíritu del nuevo reto, de la novedad, el deseo de verme siempre superando originales aventuras (o miniaventuras como en este caso), y casi con toda seguridad ese afán se acabará imponiendo y me acabará llevando este sábado 14 de mayo a las 6 de la tarde por las calles de El Parador (Roquetas de Mar), codeándome con gente mucho más preparada, rápida y dispuesta para disputar lo que se convertiría en mi primera milla.

Espero que más o menos seis minutos después, superada la línea de meta, pueda decir que he disfrutado de la experiencia. Eso sí, tal y como se refleja en el título, todo esto lo afronto y lo vivo con la ilusión de un juvenil.

Supongo que si algún día pierdo estas ganas de participar, este hormigueo previo en el estómago y la necesidad de verme día a día con las zapas pateando el asfalto, habrá llegado el momento de dedicarme a otra cosa. Mientras tanto, me dedicaré a disfrutar de mis propias locuras.

Un beso para todos/as y a cuidarse del calor que viene pegando fuerte

 

 

 

Tipos de corredores

         Tomo prestada de mi gran amigo y mejor compañero, Luis, la siguiente clasificación de los tipos de corredores que pululamos por el mundo: para los que no corréis simplemente leer y divertirse, para los que sí os dedicáis a esto, no os sintáis mal si alguno de estos tipos os refleja demasiado.

El CORREDOR PICAJOSO: Se le pueden estar cayendo las piernas a cachos, que será capaz de vender su alma al diablo con tal de entrar aunque sea medio segundo antes que tú en esa carrera de barrio sin ánimo competitivo (o en cualquier otra). Y, por supuesto, si cree que ni con pactos con Lucifer será posible ganarte, no va a la carrera y punto. Ahora vas y lo cascas.

El CORREDOR AGONÍAS: No importa que tenga cita con el cardiólogo, o que se acabe de quemar su casa, o que tenga una brigada de inspectores de hacienda siguiéndole los pasos. Si se entera de que has hecho o vas a hacer una sesión fuerte, la tiene que hacer, aunque sea a las 2 de la madrugada y caigan chuzos de punta. No vaya a ser que por perder esa sesión, le cojas la compensación y le ganes cualquier día.

EL CORREDOR QUE NUNCA ENTRENA. El tío jura y perjura que nunca hace nada que valga, ya dejó las series, las técnicas de carrera ni pensarlo, sólo rodar y disfrutar. Claro, este tema tiene un par de problemas; las marcas que se casca el tío y que si algún día por cualquier circunstancia sales a una hora no prevista te lo encuentras rodando a 3 min/km. Claro, con esos rodajes no te hacen falta series.

El CORREDOR HOY NO TOCA, QUE YA ME Di CAÑA AYER. No importa las veces que le propongas el plan de unas series a tanto, o un rodaje alegrete de tal o cual ritmo. La respuesta es siempre la misma: "Macho, me iba contigo encantado, pero es que ayer me di mucha caña y hoy me toca rodaje suave". Que tú piensas:
¡¡¡ COÑO, PUES LLÁMAME TÚ A MI AYER Y HAGO YO CONTIGO TU CALIDAD !!!

El CORREDOR SOCIAL: todos tenemos un punto de encuentro más o menos común para los distintos grupos de entrenamiento, donde nos vamos juntando para charlar un poco y luego salir a entrenar, cada grupo a su tran-tran. ¿No os habéis dado cuenta de que hay algunos que aparecen todos los días, hablan como el que más con unos y otros, dicen, comentan, valoran, justifican o crucifican, y al final se vuelven a su casa sin haber salido con ninguno de los grupos? Su entrenamiento consiste en HABLAR de correr, no en correr. Hay que joderse.

El CORREDOR VIRTUAL: ha medido, mediante Google Earth, Google Maps, Running Ahead o cualquier otra herramienta de mapas online, hasta el último centímetro en un radio de 200 kilómetros alrededor del pueblo. Te puede decir dónde hay una cuesta, si hay fuentes, si el camino tiene grava suelta..... Eso sí, lo sabe por las fotos del satélite, porque no ha hecho ni una sola de las rutas. ¡¡¡ Pero lo bien que queda decir todo lo que sabe de ellas !!! 

CORREDOR TEÓRICO: sabe todo sobre ritmos, sobre planes de entrenamiento, sobre alimentación, sobre material, ropa, y no se corta un pelo de dar lecciones a quien se le ponga por delatne... Eso sí, sus tiempos son de 11 horas en maratón (suponiendo que haya corrido alguna), 4 en media y 2 y cuarto en diez mil. Y encima se mosquea cada vez que alguien hace alguna marca decente, o la infravalora. ¿Alguien NO conoce a alguien así?

CORREDOR CALCULADOR A POSTERIORI. Se trata de alguien que llegó cerca de ti hace 6 meses, pero desde esa fecha no ha entrenado una ... mientras tú te has dejado los piños y algo más en los entrenos. Pues bien, después de una carrera te dice, si tú has hecho tal tiempo si yo hubiese corrido hubiese hecho este otro. ¡Y una eso que estáis pensando!

El CORREDOR QUERINDONGO: te trata como si tuvieras un rollo con él; si quedas con alguien más, se enfurruña, casi no te dirige la palabra y luego se pone exquisito cuando vuelves a proponerle un entreno juntos. Coño, que somos colegas de entreno, pero después cada cual en su cama y dios en la de tós.

¿Qué os parece? La verdad es que en las fotos salgo mucho más guapo de lo que en realidad soy...

 

Un besote para todos/as

Maratón de Barcelona (2ª parte)

     Al final de la 1ª parte de la crónica, nos quedamos con el doble objetivo que buscaba durante el fin de semana. El más importante, disfrutar en una ciudad tan impresionante como es Barcelona, reencontrarme con los buenos amigos y  el menos importante, enfrentarme a mi reto.

 

El sábado, en la feria del corredor te das cuenta de lo inmenso que puede llegar a ser este mundo del atletismo popular, de las innumerables historias de esfuerzo y superación que nos acompañan a cada uno de nosotros. Desde los atletas africanos (no tan populares), que vienen casi obligados a ganar, a las personas en sillas de ruedas, pasando por otras miles de personas, que disimulamos nuestro respeto y miedo a lo que vamos a afrontar, con sonrisas, bromas y gestos que aparentan la tranqulidad que, en realidad, no tenemos. Junto a cada uno de nosotros, miles de familiares y amigos, más nerviosos, si cabe, con el temor escondido a lo que pueda suceder mañana.

      La comida de mediodía, abundante en hidratos, por supuesto, y los brindis por el kilómetro 32, por el 36 o por la línea de meta, te hacen ver en tu mente a ese monstruo enorme, al que una camiseta sin mangas, un pantalón corto, unas zapatlllas en las que confías como en ti mismo, y un reloj (eso sí, casi galáctico) y grandes dosis de ilusión te enfrentas. Las armas son m uy desiguales obviamente y sin embargo, sabes que pase lo que pase no piensas rendirte.

     El resto de la tarde, la cena, poner correctamente el dorsal en la camiseta (¡Dios, qué difícil y qué obsesión!)  y el no pegar ojo van en el lote, es prácticamente una parte más de un ritual casi universal para todos los que nos ponemos en la línea de salida.

     Hasta ella me acompañó mi primo Ramón, novel en este mundo del atletismo y que tuvo una actuación sobresaliente cum laudem en la labor de apoyo logístico de todo tipo. Mientras íbamos en el coche camino de la salida, y él se aferraba en una charla cordial, mi mente ya no estaba allí, sino que por su cuenta había empezado a hacer camino. Antes de entrar en los cajones de salida, tuve la suerte de de saludar, charlar y tranquilizarme con las bromas de mi maestro, Luis y de Orencio.

     Nos deseamos suerte y ya dentro del cajón, como si eso importase me vi a mí mismo intentando tratando de ganar dos metros, obviando que los 42195 metros nos iban a colocar a cada uno exactamente en nuestro lugar. Supongo que los nervios pueden más que uno mismo en ese momento ya que también me vi a mi mismo, tratando de concentrarme, estirar, disfrutar con la gente, aplaudir, autochequearme, pensar, no hacerlo...traté de hacer tantas cosas a la vez que el pistoletazo de salida me pillo despistado.

     Sin darme cuenta, arrastrado por una marea humana de 13000 personas me puse en marcha. Sorprendentemente, la salida no se hizo pesada ni perdí mucho tiempo, salvo algunos golpes inevitables entre tanto barullo. Había decidido correr dejándome llevar por mis sensaciones y fueron estas las que acabaron por marcarme que el ritmo de tres horas era el adecuado e incluso, cómodo. Si fue ese ritmo tan alto el causante de mis problemas posteriores no lo sé, pero sinceramente no me lo voy a plantear. Disfruté tantísimo de los primeros 28 km. donde pude sentir que el asfalto de las grandes avenidas por las que discurríamos y mis zapatillas marcaban un mismo compás. Parecía como si formasen parte de un mismo todo y el discurrir de los metros, de las zancadas y de los minutos fuesen uno solo. Esa sensación tan placentera estuvo acompañada por los continuos gritos de un público totalmente entregado, que no paró durante toda la carrera de aplaudir, de animar, de gritar el nombre de cada uno de los atletas y sin duda, unos gritos de ánimo que en los últimos kilómetros se convirtieron en una bendición. Estas buenas sensaciones se convirtieron en alas que me hicieron volar durante dos tercios de la carrera.

     No obstante, no soy tan novato ni tan iluso como para que no esperase que todo este bienestar no me iba a acompañar siempre. Sabía que tarde o temprano llegarían los malos momentos y efectivamente, llegaron. No alargaré la lista de causas, pero seguramente no ayudo mucho la descomposición estomacal que traté de aguantar desde el paso por la media, el dolor de mi rodilla maltrecha, la humedad y sobre todo, el cansancio muscular me cercaron súbitamente. Pasé momentos difíciles, muy difíciles, que me recordaron los motivos por los que soy un enamorado de este deporte. Sin duda alguna, recordando alguno de esos momentos, no paro de pensar como pude sostener durante al menos 10 km. las infinitas ganas de detenerme, de andar que se asomaron a mi mente. En mi lucha por no caer en la rendición, escuchaba a mi mente, pedirme, ordenarme e incluso, rogarme que le diese un respiro, un minuto, un trago de agua, o al menos, un paso. No sucumbir a esas tentaciones es una cuestión inexplicable. En alguno de esos kilómetros, vi a mi primo junto a mí rodando con la bicicleta, y aunque hubiese dado cualquier cosa por un poco de agua y él, llevaba su bidón, no era capaz de hablar, no pude pedírsela y sin embargo, seguía corriendo. Ahora cuando lo pienso, echando la vista atrás, yo mismo me sorprendo de lo que acabo de contar. ¿Es de gente con la cabeza bien amueblada seguir corriendo mientras ni siquiera tienes aliento para pedir agua? Seguro, que muchos de los que leéis esta entrada, envenenados como yo por estos retos, no me juzgáis mal por semejantes locuras.

     De aquí hasta el final, sólo podría contar penas, agonía, sufrimiento, calambres, dolor de estómago, deshidratación, falta de energía y cuantas otras palabras que denoten esfuerzo aparezcan en nuestro diccionario. No estoy dispuesto a acumularlas en mi relato, así que sólo decir que lamento no haber podido celebrar demasiado mi llegada a meta, ni saludar convenientemente a todos esos niños que me ofrecieron su mano en los últimos kilómetros, ni dedicar una amplia sonrisa a Isa, Ana, Nuria, Aurora y demás acompañantes que aplaudían y gritaban sin parar cuando me vieron enfilar los 195 metros finales.

     Tres días después, quedan muchas felicitaciones, - unas más sinceras que otras -, y la sensación de que en la bajada a los infiernos que anunciaba en la primera parte de esta crónica, encontré mucho de lo que había perdido desde hacía mucho tiempo. Como decía el otro día Luis, el que quiera saber qué se busca y qué se encuentra en uno de estos retos, sólo tiene que calzarse las zapatillas y probarlo. Para los que no os gusta este deporte, no os sintáis mal, la vida nos ofrece cada día la oportunidad de afrontar verdaderas maratones, y que dentro de cada uno de nosotros/as seremos capaces de encontrar la respuesta y saber de dónde se sacan las fuerzas para superar todo lo que se nos presenta.

     No olvido de ninguna manera, felicitar a mi compañero Roberto, ¡qué carrerón se marcó! y por supuesto, ir anunciando que por mi mente bullen nuevas locuras: 20 de noviembre, Valencia o 27 del mismo mes en Florencia puede estar el siguiente capítulo de esta, mi pequeña historia. 

 

         

Ah, y que no se me olvide. Conseguí mi mejor tiempo personal: 3 horas 11 minutos y 31 segundos.

Maratón de Barcelona (Parte 1)

Como quiera que un maratón es un acontecimiento tan importante, no puedo menos que venderlo al menos en dos entregas. Así que aquí lleváis la primera, lo que escribí literalmente mientras viajaba en un medio tan hostil para mí como es el avión.

"Después de ocho semanas de esfuerzo continuado, de extenuantes sesiones de entrenamiento, de problemas, molestias, dolores, hielo, calor,antiinflamatorios, charlas y dudas, sobre todo dudas, por fin, nos plantamos en el aeropuerto de Granada, para coger un avión con destino a un sueño, hacia el maratón de Barcelona. Parecerá extraño el inicio de mi crónica pero es que ni siquiera el reencuentro con personas a las que considero familia, Luis, Nuria, Orencio con Aurora y su hija, María, ni los denodados esfuerzos de Isa han conseguido tranquilizarme."

Aquí estamos los protagonistas de esta historia. De izquiera a derecha: Roberto, yo mismo, Isa, mis primos Ana y Ramón, Aurora, Nuria, Luis, Orencio y María. (Todos ellos deben saber que han formado parte de uno de los días más felices de mi vida)

"Tengo el mismo pánico al avión que el primer día que pensé en cogerlo. Hay miedos irracionales, difíciles de aceptar y superar y hay otros que simplemente nos atrapan en su madeja, nos atenazan y consiguen dar un toque amargo a cualquier aventura que se emprende. Mi cruz es el avión, aunque reconozca que para determinadas distancias sea la única manera racional de viajar.  Pero quiero abandonar ya estos pensamientos negativos para centrarme en los sentimientos previos a la carrera."

 

"Las eternas dudas sobre el ritmo adecuado, cómo te vas a encontrar ese día, si el tiempo metereológico va a acompañar, si la rodilla maltrecha va a decir "basta" en algún momento, si el cuerpo estará con ganas de sufrir tantísimo o si la mente estará lo suficientemente preparada y endurecida para soportar los malos y los horribles momentos que a buen seguro aparecerán en el desarrollo de la prueba. ¿Conocéis esa sensación de enfrentarse a lo desconocido? ¿Asomarse a un abismo, sin red ni parapeto?¿Hacer un  viaje a nuestro mundo interior sin saber lo que nos vamos a encontrar, sin saber lo que se espera encontrar y aún peor desconociendo si nos gustará lo que hallemos? Todas esas sensaciones bullen ahora mismo en mi mente, con la ilusión de que el domingo, todas ellas tengan un final feliz y que que encontremos lo que encontremos en este hurgo profundo sea cuanto menos soportable  a la vista.

 

Recuerdo ahora mismo como si las estuviera escuchando las palabras de ánimo de los compañeros/as del instituto, las de algunos/as alumnos/as a los que queriendo o sin querer he involucrado en este reto personal o a mis hermanas que se sentirán orgullosas haga lo que haga, pero que se merecen que les brinde algo digno de que se sientan realmente bien. Mucha otra gente, que con mejor o peor intención estará pendiente el domingo del resultado global y final, obviando lo que haya podido suceder en la preparación y durante la carrera. Por supuesto, anoto los continuos consejos de Luis (al que admiro sinceramente, al que envidio de la manera más sana posible y al que considero un verdadero maestro) y las locuras de Roberto, con el que comparto algo más que una carrera o los entrenamientos, hemos trabajado estas ocho semanas codo a codo, para llegar a tiempo a este reto, para superarlo, para poder sentirnos vivos y compartimos la ilusión de vernos con los brazos levantados cruzando la meta después de los 42182 metros. Tampoco tengo ningún miedo a decirlo, busco aquí mi mejor marca personal, aun a sabiendas, de lo que es capaz de hacer conmigo la distancia, el cansancio o mi propia mente. Apenas quedan diez minutos para la maniobra de aterrizaje y para que mi mente vuelva a entrar en modo pánico, pero aquí queda reflejado mi reto:

                           3 horas 14 minutos y 45 segundos

Pero sobre todas las cosas:   

DISFRUTAR DE TODO ESTE FIN DE SEMANA

 

 

 

 

"El cementerio de los libros olvidados"

Una vez que abrí la veda, parece que me estoy animando a publicar literatura. De momento y antes de dar paso a algo propio, os propongo un fragmento maravilloso de Carlos Ruiz Zafón sobre los libros:

Este lugar es un misterio, Daniel, un santuario. Cada libro, cada tomo que ves, tiene alma. El alma de quien lo escribió, y el alma de quienes lo leyeron y vivieron y soñaron con él. Cada vez que un libro cambia de manos, cada vez que alguien desliza la mirada por sus páginas,  su espíritu crece y se hace fuerte. Hace ya muchos años, cuando mi padre me trajo por primera vez aquí, este lugar ya era viejo. Quizá tan viejo como la misma ciudad. Nadie sabe a ciencia cierta desde cuándo existe, o quiénes lo crearon. Te diré lo que mi padre me dijo a mí. Cuando una biblioteca desaparece, cuando una librería cierra sus puertas, cuando un libro se pierde en el olvido, los que conocemos este lugar, los guardianes, nos aseguramos de que llegue aquí. En este lugar, los libros que ya nadie recuerda, los libros que se han perdido en el tiempo, viven para siempre, esperando llegar algún día a las manos de un nuevo lector, de un nuevo espíritu. En la tienda nosotros los vendemos y los compramos, pero en realidad los libros no tienen dueño. Cada libro que ves aquí ha sido el mejor amigo de alguien. Ahora sólo nos tienen a nosotros.

 

¿Cuántas almas vivirán en este tunel?

14 de febrero: un poema de amor

Hasta hoy, a pesar de ser profesor de lengua y literatura no me había decidido a dedicar un solo artículo de mi blog a la literatura. Sin embargo, siendo hoy 14 de febrero, día de San Valentín, no podía menos que compartir con aquellos que me leen un par de poemas de amor, mis favoritos sobre este tema, aunque reconozco que son tantos los que me gustan que en cualquier otro momento  quizá hubiese elegido otros. No obstante, lo importante hoy, no es que el regalo sea muy grande, simplemente con que te miren a los ojos y te digan que te quieren, con que en este mundo lleno de prisas y obligaciones por doquier se detengan un momento a preguntarte si eres feliz, podemos decir que Cupido ha acertado con su flecha en nuestra alma, y que gracias a él, somos felices.

Bueno, pues aquí lleváis el primero de ellos, Pedro Salinas,

LA VOZ A TI DEBIDA
Versos 494 a 521

Para vivir no quiero
islas, palacios, torres.
¡Qué alegría más alta:
vivir en los pronombres!

Quítate ya los trajes,
las señas, los retratos;
yo no te quiero así,
disfrazada de otra,
hija siempre de algo.
Te quiero pura, libre,
irreductible: tú.
Sé que cuando te llame
entre todas las gentes
del mundo,
sólo tú serás tú.
Y cuando me preguntes
quién es el que te llama,
el que te quiere suya,
enterraré los nombres,
los rótulos, la historia.
Iré rompiendo todo
lo que encima me echaron
desde antes de nacer.
Y vuelto ya al anónimo
eterno del desnudo,
de la piedra, del mundo,
te diré:
«Yo te quiero, soy yo».

 

El segundo se presenta a sí mismo: Luis Cernuda

 

Te quiero.

Te lo he dicho con el viento,
jugueteando como animalillo en la arena
o iracundo como órgano impetuoso;

Te lo he dicho con el sol,
que dora desnudos cuerpos juveniles
y sonríe en todas las cosas inocentes;

Te lo he dicho con las nubes,
frentes melancólicas que sostienen el cielo,
tristezas fugitivas;

Te lo he dicho con las plantas,
leves criaturas transparentes
que se cubren de rubor repentino;

Te lo he dicho con el agua,
vida luminosa que vela un fondo de sombra;
te lo he dicho con el miedo,
te lo he dicho con la alegría,
con el hastío, con las terribles palabras.

Pero así no me basta:
más allá de la vida,
quiero decírtelo con la muerte;
más allá del amor,
quiero decírtelo con el olvido.

En fin, ahora que he abierto la veda de hablar de literatura, espero repetir pronto.

Almería 2011: La media de las incertidumbres

    En pleno desarrollo de un plan de entrenamiento de emergencia con vista al maratón de Barcelona (5 de marzo y yo cone stos pelos...), se presentó sin avisar, como de puntillas la media de Almería, la querida media de mi ciudad. (Hasta hace poco tiempo la llamaba mi ciudad de adopción, pero después de vivir ocho años en ella y estar empadronado ya casi, casi me puedo calificar como almeriense).

      Lo único de lo que estaba seguro era de mi participación. A partir de esta certeza, todo lo demás eran dudas. Después de mi "fracaso" en Lorca, los problemas derivados de los mantecados y suculentas comidas navideñas y de la enfermedad y fallecimiento de la única abuela de la que realmente he podido disfrutar, el ritmo de mis entrenamientos había decaído bastante. 

     No obstante, desde hace tres semanas, una vez que decidí que, definitivamente, iba a afrontar por cuarta vez el reto del maratón, por primera vez en Barcelona, comencé con mi infatigable compañero Roberto, (¿de dónde sacará ese tío tan pequeñiño tanta fuerza?), un plan de acumulación de kilómetros y ritmos que nos han llevado a unas medias de entre 80 y 85 km. semanales. Viniendo de esta situación de casi parón, a estas barbaridades, terminaría antes si dijese las partes de mi cuerpo que no se han quejado todavía mejor que las doloridas y sin mitigar la marcha me presenté en la media con la idea de hacer un entrenamiento largo a un ritmo cómodo pero sin coger amapolas por el camino, que esperaba que rondase los 4 min 30".

                           

     Sin embargo, y a pesar de las malas sensaciones del calentamiento, la salida franca y los primeros kilómetros favorables me ayudaron a coger un ritmo rápido, a la vez que cómodo. A diferencia de otras medias, no traté de seguir a nadie, aunque he de reconocer que la presencia cercana de Roberto con un ritmo ligeramente superior al mío hacía que rondase mi cabeza la idea de cambiar de marcha y acercarme a él. Logré mantener la cabeza fría, me preocupé sólo de mí mismo, de mis sensaciones, de mis pasos, de mi estilo, de mi respiración y de afrontar cada kilómetro sin agonías mentales.

     De esta manera me planté en el kilómetro 10 con un tiempo inferior a 4 min/km sin proponérmelo. Con más de la mitad de la carrera por delante, no pensé en batallas contra el crono ni en nada parecido, salvo en seguir con un ritmo estable, sin cambios bruscos. Muy cerca seguía viendo a Roberto y la tentación de acercarme a él se hizo casi irresistible pero poco a poco me mentalizaba de que si al final lo tenía cerca sería el momento de intentarlo.

     Así pasé hasta el km. 17, con la agradable sensación en la Avenida del Mediterráneo de que iba rápido, fácil y de que las energías no me habían abandonado. Esta sensación tan placentera duró justo hasta un giro del circuito en el km 18, que nos presentó ante una amplia avenida, claramente con pendiente positiva y viento en contra. No puedo decir que fuese horrible pero sí que decayó el ritmo, las energías, la sensación de bienestar y por supuesto, los tiempos. Volví a escuchar como a unos 200 metros, Ramón, Florencio y Manolo (todos ellos con lesiones a cuestas, ¡ánimo para los tres máquinas!), animaban a Roberto, y esto me indicó que mi compañero estaba más cerca de lo que pensaba. La idea de una llegada juntos pasó por mi mente pero fue una ilusión.

                              

       Apenas miré el crono, porque sabía que en todo caso sería bueno. Me mantuve enganchado a un grupo que me animó a no abandonarme. A partir del 20, en otro giro del circuito, volví a sentirme bien y con ánimo de hacer una pequeña exhibición de poderío en los últimos 500 metros pero, sinceramente, no me pareció deportivo ni necesario esprintarles a un grupo que había tirado de mí la peor parte de mi carrera.

     Ya en meta el crono marcaba 1 hora 25' 49", un tiempazo impresionante, que me ha dejado tan feliz como sorprendido. Ahora, como ocurre siempre, me asaltan las ideas de los posibles tiempos en Barcelona, como si las adversidades de un maratón fuesen algo fácil de preveer. Lo único que me queda claro, es que estamos (Roberto y yo) en el buen camino, pero que en estas cuatro últimas semanas no debemos dormirnos en los laureles y después, una vez que nos presentemos, con nuestro plan de emergencia terminado, en la línea de salida de la Ciudad Condal, amigos/as:

                   "Que Dios nos pille confesados"                           

                                   

               Aquí tenéis el momento en que celebro mi tiempo, sin duda el mejor momento de la carrera

Para los que corremos

Sólo queremos dedicar este vídeo para los que corremos, para los que no, pero nos comprendéis y por supuesto, para los que pensáis que definitivamente estamos locos