28 Enero 2013
He dejado pasar unas horas para hacer mi crónica de la media de Almería. Quería hacerla con una poca de distancia, alejarme un poco de frases hechas y contar con la mente fría las sensaciones que tuve el día de ayer. Puestos a confesar, el sábado era un manojo de nervios. Sé que en esto no nos jugamos nada más que el orgullo personal, pero después de cinco meses de duros entrenos y de múltiples carreras cortas (Berja, Aguilar, Viator, Huércal Overa o El Alquián), afrontaba la media como prueba para mi objetivo de la temporada, bajar mi marca personal en media maratón.
Maravillosa foto con el míster y la campeona de Rocío (ha mejorado su marca 11 minutos y no pierde esa sonrisa ni en los peores momentos)
Después de recoger el dorsal el sábado, me volví a casa con la convicción de que solo tenía una manera de afrontar la carrera, salir a tope desde el principio y confiar en que las piernas aguantarían. Táctica alocada, y rayana a lo suicida pero que era la mía. Consciente de que lo más normal era un hundimiento y que me cayesen minutos como una tormenta de verano, me puse en la línea de salida. En el calentamiento había saludado a varias decenas de amigos/as, que con sus inseguridades, sus entrenos, ilusiones y miedos a cuestas, me hacen sentirme orgulloso de dedicarme a esto del atletismo. Para mí, sólo con ponerse las zapatillas y afrontar domingo tras domingo una carrera tras otra ya merecen toda mi admiración. Gracias a todos/as por dejarme pertenecer a vuestro grupo. En la línea de salida, traté de desconectar y a fe que lo conseguí, tanto que en el disparo inicial me pilló casi dormitando. Bien colocado, no tuve que superar más que a un par de marmolillos (de esos que se ponen al principio y después son como bloques de mármol andantes). No aprenderemos nunca. Paso los primeros kilómetros tranquilamente metido en un grupo, donde voy cómodo, bajando cada kilómetro de los cuatro minutos, y tratando de reprimir mis ansias por ir más rápido. A lo lejos veo a Antonio, (¡qué gran atleta, y aún mejor compañero y persona!, y cerca de mí anda Pepelu). Lo miro, lo busco y sé que si voy con él, voy bien.
Aquí aparezco en la parte derecha de la foto junto a Pepelu.
Así van pasando kms. a un ritmo sostenido, y en mi mente comienzan a vislumbrarse buenas sensaciones. Consigo atemperar los nervios, las ganas de ir más rápido y trato de relajarme, de centrarme en correr, aprovechar cualquier bajada e hidratarme cuando soy capaz. De vez en cuando escucho un grito de ánimo, que agradezco sobremanera. Cambio alguna palabra con Pepelu, pero realmente no sé que le digo. Así paso por el 10, en 39 min. 31 seg. Buen tiempo, buen grupo, buenas sensaciones...pero diez kilómetros en las piernas.
Al paso por el 10.5 está Isa, vociferando y animando como una loca. Es el lugar acordado, y nada falla. Y sí, todo está bien. Tranquilo, tranquilo me repito a mí mismo, aunque noto que las piernas lanzan los primeros avisos de fatiga. Sigo con Pepelu, el grupo unos 20 metros delante. Subimos la Rambla, y la bajada no es todo lo rápida que tenía en mente, pero al menos, respiro. No quiero agobiarme, así que olvido el reloj y comienzo la vuelta a la subida. Paso el 13, el 14 y el 15 en el tiempo previsto. Vuelvo a ver a Isa, con el mismo ánimo, y arrancó hacia el 16 con un hálito de aliento, pero con la mente puesta en que son 5 km, sólo 5 más y estaré en meta. A estas alturas, abandono el reloj, y me centró en sufrir para ir más rápido. Veo el 17 y sufro dos zancadillas casi seguidas del mismo compañero, por Dios, está bien aprovecharse del ritmo pero tampoco hay que pegarse tanto y sigo corriendo. Me marco un buenísimo mil hasta el 18 pero me hundo. Paso un calvario los dos kilómetros restantes hasta el 20, estropeo la marca, tiro la posibilidad de batir mi marca personal, lo sé pero soy impotente para hacer nada. Busco cambiar de ritmo, moverme un poco, ir en línea recta, ponerme un objetivo cercano, pero lo que no puede ser no puede ser y además...Último kilómetro, ni siquiera en ese puedo ir más rápido, estoy totalmente vacío, lo intento en la bajada pero las piernas se quejan, se niegan y la mente no responde. Entro al anexo (para estudiar también el tema de los estadios de atletismo), y me quedan 300 metros, quiero llegar bien, con buena cara pero no doy más. Trato de no hundirme en la recta y veo el tiempo, 1 hora 25 minutos y algunos segundos. Estoy cansado, cascado, vacío, sin aliento, agotado, exhausto, fatigado, rendido, sofocado pero feliz. Recibo parabienes, quejas, excusas y disculpas pero solo necesito escuchar al míster. Aparece rápido muy feliz y eso me hace sentirme mejor. La felicidad compartida es doble felicidad.
Hoy solo me quedan dolores en las piernas (si a esto se le pueden llamar piernas), una sonrisa en la cara y por supuesto ilusión y ganas, muchas ganas de seguir entrenando.
servido por Cristóbal
1 comentario
compártelo
16 Diciembre 2012
Os propongo un juego. ¿Queréis ver una carrera desde dentro de la mente de un atleta? Seguro que a muchos os va a sonar muy familiar y sin embargo, me gustaría que lo leyeran aquellos que andan preguntándose porqué hay unos locos que nos dedicamos a diario a practicar este deporte.
Después de las series de esta semana, tan sufridas como ilusionantes, he afrontado la carrera de Viator con la intención de mejorar mi marca del año anterior: 32 min. Se anunciaba cambio de dirección en el sentido del circuito, que no cambio del mismo, pero no creo que sea algo demasiado relevante.
Así que los "paisanos" se han pasado a recogerme y en poco rato ya estábamos en Viator. ¡Qué alegría correr cerca de casa! Te levantas tarde, desayunas en casa, terminas pronto y conoces el terreno. Todo bueno, pues.
En fin, no hay mucho que indagar en la mente de los atletas, más que decidir el mejor lugar para hacer aguas menores y otras cosillas del mismo cariz. Nada que resaltar. Las bromas antes del calentamiento, calman los nervios porque empiezas a sentir el gusanillo de la carrera. Y comienza la guerra mental. Piensas en los ritmos que debes llevar, si los aguantarás o no, con qué grupo puedes ir, y qué pasará si haces tal o cual táctica de inicio.
Como siempre últimamente, no hay mucho que pensar: rápido hasta que el cuerpo aguante. La primera tarea es situarme bien, porque soy especialista en situarme mal en la salida y tener que pelearme las primeras centenas de metros con "tortugas", gente a la que le falla la radio, alguno que se atufa en las primeras zancadas y otros personajes de los que se ponen con los negros en las salidas y terminan esprintando con el coche escoba. Esta vez me he puesto en primera línea, rozando la cinta de salida. Mis primeros pensamientos en este momento, no morir en la primera cuesta. Salida rápida, y primera subida a un ritmo endiablado pero lo suficientemente controlado. Arriba, miro a mi alrededor y estoy con el grupo que quiero. Hasta el km.1 bajada a tumba abierta, tanto que creo que el algún momento ando cerca de lesionarme debido al bestial golpeo contra el suelo.
Al paso por el cartel del km. 1, 3:59". Vale, ya lo tengo claro, la carrera está mal medida o voy bastante peor de lo que pensaba. Sé que es lo primero, vistazo a mi alrededor y caras desconocidas porque estoy demasiado adelantado. No hay miedo, solo quedan 7, y aún me siento bien. Aguanto el siguiente km. tratando de reconocer el ritmo que llevo, animando al público y dejando que el aire entre en mi cuerpo. Alguna subida y bajada, siempre rápido, sin miedo. Observo a una señora mayor que aplaude como si le fuese la vida en ello, y me alegro y le aplaudo, aunque no le hablo. Km. 3, 11minutos, muy contento por el tiempo, pero ya sé que me he pasado. Pasa Antonio Rodríguez y trato de seguirlo, primero de cerca, después a distancia hasta tal punto que en el km. 4, en el avituallamiento lo veo cerca. Pienso que puedo llegar con él, que el míster estará orgulloso, pero la alegría dura lo que tarda en aparecer la siguiente subida, la primera en tierra. Clavado, pienso que no puedo, que lo dejo, me pasa José Luis, se va Juanfra, pero mi pensamiento es solo respirar, recuperar el aliento para que el tiempo no se vaya. Miro el reloj, el tiempo es bueno, la sensación, no. Me olvido, pienso solo en la siguiente bajada, en respirar. Veo a Pepe Segura, alejado pero no demasiado, no voy a ser capaz de llegar. Paso el km. 5 y 6 pero no tengo muy claro que esté donde creo.

(Al fondo a la derecha aparezco con Segura)
Por fin, he terminado la última subida, toca suicidarse en la bajada. Y lo hago. Rápido, muy rápido, sigue rápido. Sensación de ir bien, ojeo el reloj y el tiempo me sorprende. Sigue. Estás ahí. Veo el puente, no pienso, solo corro. Cruzo el puente. Nueva bajada. Corre. Deprisa. Una voz conocida me anima. Lo agradezco aunque no lo veo. Esprinto. No puedo más. Pepe Segura, me anima. Me niego a adelantarlo al final, pero me anima y lo hago. Miro el reloj. 29:15. Dios, qué tiempazo! No me lo creo. Algo no ha ido bien, o quizá demasiado bien. Después ya no pienso, solo saludo a los compañeros, los felicito y me alegro por lo bien que nos ha salido a todos. Pienso que son unos bestias, unos máquinas...
Luego, hablo con el míster, me felicita, y sin más, analizamos la carrera y planificamos los entrenos de la semana. Estoy contento, muy feliz por el tiempo, y lo mejor, con muchísimas ganas de seguir entrenando y mejorando.
En definitiva, otra carrera más disputada, un gran tiempo en el reloj y la ilusión de un niño de seguir mejorando. Por cierto, el club Amo Allá, de mi pueblo, anduvo representado una vez más en mi querida Almería.
Un besote a todos/as
servido por Cristóbal
2 comentarios
compártelo
24 Noviembre 2012
La Carrera de San Silvestre es el nombre con el que se conocen distintas carreras atléticas populares, que se disputan anualmente el 31 de diciembre, día de San Silvestre según el santoral católico, en diferentes lugares del mundo.
La primera carrera de San Silvestre que se celebró es la de São Paulo en el año 1925. Fue iniciativa del periodista del diario A Gazeta, Cásper Líbero, quien creó una carrera nocturna inspirada en otra que se celebraba en París, la noche de Año Nuevo, en la que los participantes portaban antorchas. La primera Corrida de São Silvestre comenzó a las 23.40 horas del 31 de diciembre de 1925 y terminó la madrugada del 1 de enero de 1926. En la actualidad, esta carrera brasileña sigue siendo considerada la más popular internacionalmente. En todo el mundo se disputan anualmente centenares de carreras el último día del año, seguro que la que nos pilla más a mano la San Silvestre Vallecana, en Madrid.

Pues hete aquí, que todos los que de una u otra manera nos gusta este deporte y por una u otra causa no vamos a estas macros carreras nos contentamos con la San Silvestre de nuestra ciudad, localidad o alrededores. Este año, buscando dónde iba a despedir el año atlético, me puse a indagar en las habituales páginas que todos merodeamos, carreras populares, todofondo, runedia, runners, y cualquier otro calendario que me fuese de utilidad. Y cuál no es mu sorpresa, que en nuestra provincia almeriense no sólo podemos despedirnos del año haciendo una San Silvestre sino que podemos "jincharnos a correr", pues son hasta cinco las que se pueden hacer. Así nos encontramos el día 29 de diciembre por la mañana la de Albox de unos 4 km, que nos serviría de calentamiento para tomarse más en serio los 10 km de la de Huércal- Overa. Para relajar músculos pero no perder la costumbre, el 30 podemos trotar en la de Almería capital, unos 6 km por pleno centro de la ciudad. Este trote nos permitirá tener las piernas a punto para irnos el 31 a El Ejido, donde te invitan a patear su bulevar, hasta en cinco ocasiones, para completar otros 10 km. Después de esta tensión competitiva, lo mejor es dedicarse a las viandas navideñas, pero por si los excesos aparecen, se nos presenta la posibilidad de mitigarlos con otra Sansil, la de Níjar, el día de la víspera de Reyes (5 de enero), 8 km en esta ocasión.
No me alargaré mucho en reflexiones sobre el tema, no diré más que el que no corre una San Silvestre en nuestra provincia es porque no quiere......(lesiones y frustaciones al margen).
servido por Cristóbal
sin comentarios
compártelo
11 Noviembre 2012
Aunque hayan cambiado la hora, el club los paisanos hemos conseguido estar en marcha antes del amanecer del domingo. Así que con fresco, con los compañeros bastante tocados por la gripe, pero con la mejor sonrisa que el horario nos permitía poner, nos ponemos en camino hacia Mojácar. Para colmo de males, el cielo que nos acompaña amenaza con darnos una ducha rápida sin mucha tardanza.
El aspecto amenazador de las nubes se convirtió finalmente en lluvia, a ratos fina, por momentos digna de cantar lo que sepas bajo ella. Así, con menos ganas que otras veces, pero con la ilusión de demostrarme a mí mismo que los entrenos dan fruto, nos hemos cambiado protegidos del líquido elemento uno por un chubasquero, por la sudadera o los más valientes mostrando las primeras tirantas. En esas circunstancias, el calentamiento se hacía tan imprescindible como pesado, y la primera visita al circuito nos muestra que ha acumulado agua por los carriles, como para convertir la carrera en un, "sálvese quien pueda".
Por si nos faltaba algo, la organización ha pagado la novatada (o nos la ha hecho pagar a los participantes), y nos ha tenido veinte minutos esperando a la salida bajo el intermitente y pertinaz aguacero. Después, algo frío pero con la mente clara sobre lo que debía intentar, tras evitar los dos primeros charcos, he decidido que lo mejor era darme un baño cuanto antes, y abandonar la maravillosa idea de no mojarme los pies. Así que, me he zambullido en el más grande del circuito, he empapado al pequeño grupo que formábamos, (no me extraña que no me hayan esperado después), y me he dispuesto a seguir corriendo. A los 6 minutos sin ver ninguna pancarta ni señal de km. he comprendido que por lento que fuese, ya había pasado por el primero, y también he abandonado la idea de controlarme los pasos.
Durante los 5 primeros km. me he sentido fuerte, poderoso, sentía que las piernas respondían y que la respiración era bastante buena. Después, ha llegado un ligero bajón que me ha hecho retrasarme un poco. Varios compañeros de la primera vuelta, se me han alejado ligeramente y la referencia del gran Antonio Rodríguez ha pasado de ser una imagen al fondo de la carretera a una silueta casi invisible entre la lluvia. Sin embargo, poco a poco he conseguido sentirme mejor, recuperarme y volver al ritmo inicial e incluso llegar con cierta sensación de frescura a la recta final. Al final el tiempo, muy bueno para la altura de temporada en la que estamos, muy discreto para los que marcáis algunos de los que os movéis por aquí, 41`17" en los 10.5/6/7/8 que han marcado los relojes casi galácticos que portaban algunos compañeros.
He esperado pacientemente la llegada de los paisanos a los que he visto juntos varias veces en los cruces que los recodos de la carrera. Juan Carlos, demasiado afectado por las inclemencias del tiempo y la gripe se ha dejado ir, y a buscado su ritmo junto a la paisana, que como siempre ha hecho una maravillosa carrera.
Sin duda, el mejor momento de toda la mañana ha llegado con la entrega de trofeos, ya más calentitos dentro de la cafetería, el café, las fotos, la charla con los/as compañeros/as, y las valoraciones.
Hasta aquí ha llegado la crónica de la carrera de Mojácar. La próxima carrera será la media de Córdoba, allí veré muchas caras conocidas, y me volveré a probar de nuevo, en la interminable lucha que supone este deporte, en el que nunca se está del todo satisfecho con lo que haces, siempre piensas que puedes mejorar y a cada paso, abrazas la idea de que será en la próxima. En definitiva, cada día tienes la oportunidad de demostrarte que quizá nunca ganarás una carrera, pero en cada una de ellas le ganas la partida al paso del tiempo.
Un saludo a todos/as
servido por Cristóbal
2 comentarios
compártelo
9 Noviembre 2012
Si algo he aprendido desde que me considero un ser reflexivo es que dar las gracias y decir lo que sentimos a las personas que nos rodean, aunque a veces cuesta, dejan una insuperable doble sensación de felicidad. A menudo les cuento a mis alumnos/as que la felicidad no es ninguna meta, no es un lugar objetivo al que llegar, ni es la obligación de lograr algo sino que la podemos encontrar en cualquier recodo del camino que recorremos hasta conseguir o por qué no abandonar un objetivo.
Por tanto, aplicándome a mí mismo esta doble receta, aunque cambiando el orden de los factores, que ya sabéis que dicen que no altera el producto, algo que dudo, pero bueno, cuento que a estas alturas de noviembre me siento muy ilusionado con el tema del atletismo. En la búsqueda por mejorar mis tiempos, he cambiado sustancialmente mi manera de entrenar y estoy consiguiendo sin proponérmelo que el entreno sea el mejor momento del día. He pasado de entrenar de cuatro a seis sesiones a la semana, pero con una diferencia fundamental. Ahora al menos dos o tres de esos días salgo a disfrutar de la compañía, a fortalecer piernas y a recopilar kilómetros que me hacen sentirme más fuerte cada entreno. Luego, las marcas que busco llegarán o no llegarán pero con esta manera de vivir mi deporte estoy seguro de que lo disfruto, de que soy capaz de hacer de él una forma de vida y salvo causa de fuerza mayor me siento capaz de envejecer abrazado al transcurrir de los kilómetros.
En la segunda parte de mi ecuación, no me duele ninguna prenda para agradecerle a la persona que me ha hecho redescubrir el atletismo, me enseña a amar este deporte y a disfrutar a la vez que entrenamos. Hablo de Juan Carlos Córdoba, al que yo llamo cariñosamente míster, y que es la persona que realmente me ha hecho ver y comprender que el atletismo es algo muy distinto al sufrimiento constante, al estar siempre al 120%, y el rondar siempre la extenuación y la lesión. Por todo eso, aparte de sus cualidades como persona, quiero darle las gracias.
Espero que mi primera entrada después del parón os haga al menos, pararos a reflexionar si en algún momento no deberíamos decir lo que pensamos a las personas que vienen con nosotros.

servido por Cristóbal
3 comentarios
compártelo
11 Mayo 2011
Puede parecer extraño que siete años después de haber debutado como corredor en la Media de Málaga y de haberme adentrado en el mundo del atletismo popular, haber disputado cerca de treinta medias, más de veinte pruebas de diez mil, cuatro maratones y algunas locuras sin determinar más, me presente a una semana vista con los nervios a flor de piel y con la sensación de que este sábado voy a afrontar un grandísimo y nuevo reto, disputar una milla.
Nunca me he considerado, ni lo soy, un velocista, ni siquiera un tipo rápido, es más, tampoco me muevo bien en las distancias cortas, así que afrontar una carrera típica de medio fondo, como es la milla, me resulta de lo más embarazoso. Mi alma de corredor de fondo, más acostumbrada a esfuerzos largos y menos intensos no acaba de acceder con buena cara a los pensamientos que atraviesan por mi mente.
Tampoco están de mi parte, ni el horario, sábado a las seis de la tarde ni el clima, seguro que por encima de los treinta grados centígrados y con una humedad digna de un pueblo que pasea sus calles junto al mar.
Hasta aquí, he acumulado una serie de elementos y circunstancias negativas que me aconsejan hacer oídos sordos a la prueba y retirarme a mis cuarteles de invierno y seguir tranquilamente con la buena pretemporada que estoy llevando a cabo. Sin embargo, a pesar de todo lo comentado, como ocurre siempre, prevalece en mi mente el espíritu del nuevo reto, de la novedad, el deseo de verme siempre superando originales aventuras (o miniaventuras como en este caso), y casi con toda seguridad ese afán se acabará imponiendo y me acabará llevando este sábado 14 de mayo a las 6 de la tarde por las calles de El Parador (Roquetas de Mar), codeándome con gente mucho más preparada, rápida y dispuesta para disputar lo que se convertiría en mi primera milla.
Espero que más o menos seis minutos después, superada la línea de meta, pueda decir que he disfrutado de la experiencia. Eso sí, tal y como se refleja en el título, todo esto lo afronto y lo vivo con la ilusión de un juvenil.
Supongo que si algún día pierdo estas ganas de participar, este hormigueo previo en el estómago y la necesidad de verme día a día con las zapas pateando el asfalto, habrá llegado el momento de dedicarme a otra cosa. Mientras tanto, me dedicaré a disfrutar de mis propias locuras.
Un beso para todos/as y a cuidarse del calor que viene pegando fuerte
servido por Cristóbal
sin comentarios
compártelo
15 Abril 2011
Tomo prestada de mi gran amigo y mejor compañero, Luis, la siguiente clasificación de los tipos de corredores que pululamos por el mundo: para los que no corréis simplemente leer y divertirse, para los que sí os dedicáis a esto, no os sintáis mal si alguno de estos tipos os refleja demasiado.
El CORREDOR PICAJOSO: Se le pueden estar cayendo las piernas a cachos, que será capaz de vender su alma al diablo con tal de entrar aunque sea medio segundo antes que tú en esa carrera de barrio sin ánimo competitivo (o en cualquier otra). Y, por supuesto, si cree que ni con pactos con Lucifer será posible ganarte, no va a la carrera y punto. Ahora vas y lo cascas.
El CORREDOR AGONÍAS: No importa que tenga cita con el cardiólogo, o que se acabe de quemar su casa, o que tenga una brigada de inspectores de hacienda siguiéndole los pasos. Si se entera de que has hecho o vas a hacer una sesión fuerte, la tiene que hacer, aunque sea a las 2 de la madrugada y caigan chuzos de punta. No vaya a ser que por perder esa sesión, le cojas la compensación y le ganes cualquier día.
EL CORREDOR QUE NUNCA ENTRENA. El tío jura y perjura que nunca hace nada que valga, ya dejó las series, las técnicas de carrera ni pensarlo, sólo rodar y disfrutar. Claro, este tema tiene un par de problemas; las marcas que se casca el tío y que si algún día por cualquier circunstancia sales a una hora no prevista te lo encuentras rodando a 3 min/km. Claro, con esos rodajes no te hacen falta series.
El CORREDOR HOY NO TOCA, QUE YA ME Di CAÑA AYER. No importa las veces que le propongas el plan de unas series a tanto, o un rodaje alegrete de tal o cual ritmo. La respuesta es siempre la misma: "Macho, me iba contigo encantado, pero es que ayer me di mucha caña y hoy me toca rodaje suave". Que tú piensas:
¡¡¡ COÑO, PUES LLÁMAME TÚ A MI AYER Y HAGO YO CONTIGO TU CALIDAD !!!
El CORREDOR SOCIAL: todos tenemos un punto de encuentro más o menos común para los distintos grupos de entrenamiento, donde nos vamos juntando para charlar un poco y luego salir a entrenar, cada grupo a su tran-tran. ¿No os habéis dado cuenta de que hay algunos que aparecen todos los días, hablan como el que más con unos y otros, dicen, comentan, valoran, justifican o crucifican, y al final se vuelven a su casa sin haber salido con ninguno de los grupos? Su entrenamiento consiste en HABLAR de correr, no en correr. Hay que joderse.
El CORREDOR VIRTUAL: ha medido, mediante Google Earth, Google Maps, Running Ahead o cualquier otra herramienta de mapas online, hasta el último centímetro en un radio de 200 kilómetros alrededor del pueblo. Te puede decir dónde hay una cuesta, si hay fuentes, si el camino tiene grava suelta..... Eso sí, lo sabe por las fotos del satélite, porque no ha hecho ni una sola de las rutas. ¡¡¡ Pero lo bien que queda decir todo lo que sabe de ellas !!!
CORREDOR TEÓRICO: sabe todo sobre ritmos, sobre planes de entrenamiento, sobre alimentación, sobre material, ropa, y no se corta un pelo de dar lecciones a quien se le ponga por delatne... Eso sí, sus tiempos son de 11 horas en maratón (suponiendo que haya corrido alguna), 4 en media y 2 y cuarto en diez mil. Y encima se mosquea cada vez que alguien hace alguna marca decente, o la infravalora. ¿Alguien NO conoce a alguien así?
CORREDOR CALCULADOR A POSTERIORI. Se trata de alguien que llegó cerca de ti hace 6 meses, pero desde esa fecha no ha entrenado una ... mientras tú te has dejado los piños y algo más en los entrenos. Pues bien, después de una carrera te dice, si tú has hecho tal tiempo si yo hubiese corrido hubiese hecho este otro. ¡Y una eso que estáis pensando!
El CORREDOR QUERINDONGO: te trata como si tuvieras un rollo con él; si quedas con alguien más, se enfurruña, casi no te dirige la palabra y luego se pone exquisito cuando vuelves a proponerle un entreno juntos. Coño, que somos colegas de entreno, pero después cada cual en su cama y dios en la de tós.
¿Qué os parece? La verdad es que en las fotos salgo mucho más guapo de lo que en realidad soy...
Un besote para todos/as
servido por Cristóbal
6 comentarios
compártelo
9 Marzo 2011
Al final de la 1ª parte de la crónica, nos quedamos con el doble objetivo que buscaba durante el fin de semana. El más importante, disfrutar en una ciudad tan impresionante como es Barcelona, reencontrarme con los buenos amigos y el menos importante, enfrentarme a mi reto.

El sábado, en la feria del corredor te das cuenta de lo inmenso que puede llegar a ser este mundo del atletismo popular, de las innumerables historias de esfuerzo y superación que nos acompañan a cada uno de nosotros. Desde los atletas africanos (no tan populares), que vienen casi obligados a ganar, a las personas en sillas de ruedas, pasando por otras miles de personas, que disimulamos nuestro respeto y miedo a lo que vamos a afrontar, con sonrisas, bromas y gestos que aparentan la tranqulidad que, en realidad, no tenemos. Junto a cada uno de nosotros, miles de familiares y amigos, más nerviosos, si cabe, con el temor escondido a lo que pueda suceder mañana.
La comida de mediodía, abundante en hidratos, por supuesto, y los brindis por el kilómetro 32, por el 36 o por la línea de meta, te hacen ver en tu mente a ese monstruo enorme, al que una camiseta sin mangas, un pantalón corto, unas zapatlllas en las que confías como en ti mismo, y un reloj (eso sí, casi galáctico) y grandes dosis de ilusión te enfrentas. Las armas son m uy desiguales obviamente y sin embargo, sabes que pase lo que pase no piensas rendirte.
El resto de la tarde, la cena, poner correctamente el dorsal en la camiseta (¡Dios, qué difícil y qué obsesión!) y el no pegar ojo van en el lote, es prácticamente una parte más de un ritual casi universal para todos los que nos ponemos en la línea de salida.
Hasta ella me acompañó mi primo Ramón, novel en este mundo del atletismo y que tuvo una actuación sobresaliente cum laudem en la labor de apoyo logístico de todo tipo. Mientras íbamos en el coche camino de la salida, y él se aferraba en una charla cordial, mi mente ya no estaba allí, sino que por su cuenta había empezado a hacer camino. Antes de entrar en los cajones de salida, tuve la suerte de de saludar, charlar y tranquilizarme con las bromas de mi maestro, Luis y de Orencio.
Nos deseamos suerte y ya dentro del cajón, como si eso importase me vi a mí mismo intentando tratando de ganar dos metros, obviando que los 42195 metros nos iban a colocar a cada uno exactamente en nuestro lugar. Supongo que los nervios pueden más que uno mismo en ese momento ya que también me vi a mi mismo, tratando de concentrarme, estirar, disfrutar con la gente, aplaudir, autochequearme, pensar, no hacerlo...traté de hacer tantas cosas a la vez que el pistoletazo de salida me pillo despistado.
Sin darme cuenta, arrastrado por una marea humana de 13000 personas me puse en marcha. Sorprendentemente, la salida no se hizo pesada ni perdí mucho tiempo, salvo algunos golpes inevitables entre tanto barullo. Había decidido correr dejándome llevar por mis sensaciones y fueron estas las que acabaron por marcarme que el ritmo de tres horas era el adecuado e incluso, cómodo. Si fue ese ritmo tan alto el causante de mis problemas posteriores no lo sé, pero sinceramente no me lo voy a plantear. Disfruté tantísimo de los primeros 28 km. donde pude sentir que el asfalto de las grandes avenidas por las que discurríamos y mis zapatillas marcaban un mismo compás. Parecía como si formasen parte de un mismo todo y el discurrir de los metros, de las zancadas y de los minutos fuesen uno solo. Esa sensación tan placentera estuvo acompañada por los continuos gritos de un público totalmente entregado, que no paró durante toda la carrera de aplaudir, de animar, de gritar el nombre de cada uno de los atletas y sin duda, unos gritos de ánimo que en los últimos kilómetros se convirtieron en una bendición. Estas buenas sensaciones se convirtieron en alas que me hicieron volar durante dos tercios de la carrera.

No obstante, no soy tan novato ni tan iluso como para que no esperase que todo este bienestar no me iba a acompañar siempre. Sabía que tarde o temprano llegarían los malos momentos y efectivamente, llegaron. No alargaré la lista de causas, pero seguramente no ayudo mucho la descomposición estomacal que traté de aguantar desde el paso por la media, el dolor de mi rodilla maltrecha, la humedad y sobre todo, el cansancio muscular me cercaron súbitamente. Pasé momentos difíciles, muy difíciles, que me recordaron los motivos por los que soy un enamorado de este deporte. Sin duda alguna, recordando alguno de esos momentos, no paro de pensar como pude sostener durante al menos 10 km. las infinitas ganas de detenerme, de andar que se asomaron a mi mente. En mi lucha por no caer en la rendición, escuchaba a mi mente, pedirme, ordenarme e incluso, rogarme que le diese un respiro, un minuto, un trago de agua, o al menos, un paso. No sucumbir a esas tentaciones es una cuestión inexplicable. En alguno de esos kilómetros, vi a mi primo junto a mí rodando con la bicicleta, y aunque hubiese dado cualquier cosa por un poco de agua y él, llevaba su bidón, no era capaz de hablar, no pude pedírsela y sin embargo, seguía corriendo. Ahora cuando lo pienso, echando la vista atrás, yo mismo me sorprendo de lo que acabo de contar. ¿Es de gente con la cabeza bien amueblada seguir corriendo mientras ni siquiera tienes aliento para pedir agua? Seguro, que muchos de los que leéis esta entrada, envenenados como yo por estos retos, no me juzgáis mal por semejantes locuras.
De aquí hasta el final, sólo podría contar penas, agonía, sufrimiento, calambres, dolor de estómago, deshidratación, falta de energía y cuantas otras palabras que denoten esfuerzo aparezcan en nuestro diccionario. No estoy dispuesto a acumularlas en mi relato, así que sólo decir que lamento no haber podido celebrar demasiado mi llegada a meta, ni saludar convenientemente a todos esos niños que me ofrecieron su mano en los últimos kilómetros, ni dedicar una amplia sonrisa a Isa, Ana, Nuria, Aurora y demás acompañantes que aplaudían y gritaban sin parar cuando me vieron enfilar los 195 metros finales.
Tres días después, quedan muchas felicitaciones, - unas más sinceras que otras -, y la sensación de que en la bajada a los infiernos que anunciaba en la primera parte de esta crónica, encontré mucho de lo que había perdido desde hacía mucho tiempo. Como decía el otro día Luis, el que quiera saber qué se busca y qué se encuentra en uno de estos retos, sólo tiene que calzarse las zapatillas y probarlo. Para los que no os gusta este deporte, no os sintáis mal, la vida nos ofrece cada día la oportunidad de afrontar verdaderas maratones, y que dentro de cada uno de nosotros/as seremos capaces de encontrar la respuesta y saber de dónde se sacan las fuerzas para superar todo lo que se nos presenta.
No olvido de ninguna manera, felicitar a mi compañero Roberto, ¡qué carrerón se marcó! y por supuesto, ir anunciando que por mi mente bullen nuevas locuras: 20 de noviembre, Valencia o 27 del mismo mes en Florencia puede estar el siguiente capítulo de esta, mi pequeña historia.
Ah, y que no se me olvide. Conseguí mi mejor tiempo personal: 3 horas 11 minutos y 31 segundos.

servido por Cristóbal
1 comentario
compártelo